miércoles, marzo 19, 2008

Tiempo III


Pude haberte encontrado en el ocaso
Imaginábamos al poniente descendiendo dócil
hacia el horizonte definitivo, juntos y de la mano,
caminando sobre la púrpura entre el mar y el cielo.
Retornamos en elíptico itinerario
sobre el luminoso dorado entre cielo y tierra.
Alba y mediodía, hacia el atardecer sereno,
nos vieron camino a entregarnos en Sus manos,
confiados como niños, juntos y de la mano.
Tu horizonte ya es luz inmanente
y mis pasos sobre la negroazul infinita noche
(…)
y te has soltado.





Claudio
(septiembre 07)

6 comentarios:

Anónimo dijo...
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barbaracho dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

EN UN MUNDO LLENO DE PIEDRAS
COINCIDIMOS.

Y que hizo aquél distraído en cuanto se encontró con una piedra?
Tropezó con ella.
¿ Y el violento?
La usó como proyectil.
¿Y aquel que tenía aires de emprendedor?
Construyó con ella.
¿El caminante cansado?
La usó como asiento.
En cambio para los niños fué un juguete.
Drummond hizo poesía con ella.
¿David? Mató a Goliat.
¿Miguel Angel?
Extrajo de ella la más bella escultura.

Y en todos los casos...
La diferencia no estaba en la piedra,
estaba en el hombre.

Las piedras siempre estarán ahí...
solo depende de ti lo que hagas con ellas.

Hoy con esta piedra contruyo una amistad sustentada en la verdad.

barbaracho dijo...

Mirando restrospectivamente, el P. Ketenich recuerda la escena de Miguel Ángel en la que, estando en una cantera, el artista quedó extasiado contemplando una roca. A la pregunta de quienes lo rodeaban respondió entusiasmado: ¨Veo un ángel¨.
...El artista descubre en la roca algo más que una simple piedra...


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Anónimo dijo...

Encajaría aquí el decir
que el lector aprecia en tu escritura algo más que un simple poema??

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